jueves, 19 de julio de 2007

Contrario a lo que muchos puedan pensar, ni la pereza ni la indiferencia han sido las razones de la falta de actualización de este blog, lo que pasa es que entre mi trabajo a medio tiempo (¡sí lo conseguí!, aunque duró un poco menos de lo planificado, pero que le vamos hacer...), perseguirle a la O. por todo el departamento -su velocidad en el gateo ha aumentado cada día y medio, al mismo tiempo que mi dolor de espalda- y mi aplicación a una maestría en cultura en la andina han copado mi tiempo...para muestra aquí les va el "ensayo de intención" que escribí, es un texto largo (personalmente cada vez que veo un post de más de una página en cualquier blog lo cierrro inmediatamente, aquí sí me entra la pereza), así que para que se animen a leerlo todo encontrarán unas chéveres ilustraciones del chileno Alberto Montt de tanto en tanto.

Mi relación profesional con la gestión cultural empieza en el año 2002 cuando realicé la producción en Cuenca del I Festival de Cine Documental “Encuentros del Otro Cine” (EDOC).

Durante mis estudios de Comunicación Social en la Universidad del Azuay (1992 - 1996) ya existía una clara tendencia personal a inclinarme hacia los procesos comunicacionales que se relacionen con el arte y la cultura, y si bien una vez graduada di el paso lógico de tomar trabajos relacionados directamente con el arte, fue en los mencionados EDOC del 2002 en que por primera vez fui parte de un proceso de gestión, y esa palabra y la posibilidades implicadas en ella se mostraron como el camino que llenaba mis intereses y al cual he perseguido acercarme en mi práctica profesional ulterior.


Los años siguientes al 2002 he trabajado en diferentes festivales, como el Festival Internacional de Cine de Cuenca en dos ocasiones: la primera a cargo de los contactos internacionales de las películas y el tráfico de las mismas, y la segunda en la producción general del evento.

En el 2004 vine a Quito para trabajar en la producción general de los EDOC, ahora a nivel nacional; luego trabajé en Cabezahueca Producciones, a cargo de los estrenos nacionales de la película “Crónicas” del cineasta Sebastián Cordero, y por otro lado apoyando en la producción de campo del documental “Alfaro Vive Carajo! del Sueño al Caos” de Isabel Dávalos.

En el 2005, en Cuenca trabaje en la Empresa Advance, el proyecto bajo mi responsabilidad fue el de hacer una consultoría durante 5 meses al Departamento de Comunicación del Municipio de Azogues, lo que incluyó el desempeño como asesora de imagen del Alcalde Víctor Molina. Para el 2006 trabajo nuevamente en Quito en la Productora Ecuador para Largo a cargo de la coordinación de promoción nacional e internacional de la película “Qué tan Lejos” de la Cineasta Tania Hermida, previo a su estreno en el país.

Mi experiencia laboral, si bien ha sido constante y concentrada en mis intereses, ha sido esencialmente práctica, y ahora que he tenido una pausa forzosa por mi maternidad he reflexionado sobre los complementos que necesita mi carrera, y siento la necesidad ineludible de profundizar en las teorías contemporáneas del manejo de la cultura.

Pienso que mucha gente de mi generación se ha visto inhabilitada a emprender acciones más profundas en la renovación del sistema por la falta de cosmovisión teórica del espectro en el que se mueven.

Si tomamos en cuenta que involucrarse en la vida activa de la cultura en un país como el Ecuador es de por sí bastante complejo partiendo de lo pluricultural y multiétnico, la tarea se dificulta más aún al tratarse de un bien intangible que no puede ser medido en términos de productividad o desarrollo.


Desde mi experiencia he vislumbrado como la cultura es menospreciada en el escenario privado por su “aparente” falta de rentabilidad y por una visión sesgada de que las manifestaciones culturales deben tener como objetivo principal el entretenimiento; y en el escenario público ha sido relegada a un segundo plano por la creencia folklorista de que un país pobre no se puede dar el lujo de invertir en ella. Esto desde mi criterio provoca que los trabajos relacionados con gestión y administración cultural en el Ecuador generalmente resultan a contracorriente.

Existen foros, reportajes, ensayos, e investigaciones que se han acercado a un diagnóstico sobre el estado de la cultura en el país, en su mayoría son iniciativas que resaltan acertadamente las carencias de determinadas áreas de la cultura, pero que no necesariamente contienen el bagaje teórico sobre las posibles soluciones globales y contemporáneas a los problemas identificados, y evaden el que según mi apreciación es el principal problema: la irregularidad en la instrucción profesional de los actores sociales en los puestos de poder.

Mis objetivos académicos son tener las herramientas teóricas para desarrollarme de una manera más formal, profesional, focalizada y consciente, dentro de la gestión cultural. Este país necesita aprender a revalorizar su cultura, y una forma real de atacar a los problemas de la cultura es la capacitación de los gestores y su posterior acceso a los puestos de poder en los principales escenarios de manifestación: estatal y público.

Mis investigaciones tomarían a los diagnósticos mencionados como punto de partida para eventualmente poder perfeccionar productos que contribuyan a la discusión de políticas culturales sobre el estado, la empresa privada y a las iniciativas independientes o mixtas.

Mi objetivo profesional partirían de esta visión general de la cultura pero finalmente quisiera profundizar en las posibilidades de expansión productiva de mis áreas de mayor interés: los festivales de cine de todo género y el sector audiovisual del país.

Sobre el estado puedo puntualizar algunas argumentos: Los espacios de administración cultural dentro del estado ecuatoriano han estado ocupados, en su mayoría, por hacedores de cultura (artistas, escritores, etc.) y no por gestores. Esta confusión de roles, sumada a la crisis burocrática y de corrupción que han padecido los gobiernos de turno han convertido a la cultura estatal, salvo contadas excepciones, en ineficiente y caduca.

La carencia de un marco legal sobre cultura que garantice políticas ecuánimes y transparentes ha empeorado la situación, pues los puestos de poder relacionados con cultura han pasado a ser la consecuencia de una cuota política cuando el cargo suscita interés económico, o simplemente han caído en el olvido, desinterés, hasta incluso terminar convirtiéndose en homenajes vitalicios que perpetúan, por comodidad, a profesionales que ya han cumplido su ciclo.

Entre las consecuencias más graves de esta estructura deteriorada se cuentan el clientelismo y amiguismo. Se realizan los proyectos de quienes tienen una relación de amistad o en su defecto afinidad generacional, muy rara vez las convocatorias para fondos, concursos, becas, etc. se han hecho públicas, democráticas o con jurados imparciales y si lo han hecho ha sido un trámite necesario, pero nunca respetado.

En la provincia los administradores culturales municipales y las subsecretarías de cultura, en especial estas últimas, simbolizan de la manera más triste al centralismo limitándose a ensalzar la visión folklórica, nostálgica y con toque turístico de la cultura al destinar sus esfuerzos a eventos como “la reina barrial”, “el mote pillo más grande del mundo”, por nombrar algunos. Claro ejemplo de la confusión entre idiosincrasia y cultura, cultura popular y populismo.

En cada festival en los que he trabajado o me involucro hay un desgaste al momento de pedir auspicios porque el ciclo cada año empieza de cero y equivale a pedir limosnas. El arte sigue siendo vista como decorativa. En el ámbito público los fondos se entregan, muchas veces, a dedo y en el privado por caridad.

El estado debe modernizarse, es un hecho de que muchas actividades culturales necesarias para una sociedad avanzada no son totalmente rentables, y por ello deben estar subsidiadas, pero eso no es un pretexto para despreciar conceptos como la eficiencia, el mercadeo y la publicidad. Aprender de los elementos valiosos que también pueden encontrarse en el ámbito privado o mixto.

Sobre la empresa privada hay muchos puntos de crítica. De la manera en que funciona el modelo económico, el objetivo único es la rentabilidad, entonces sociedad y cultura están dejados de lado. A corto plazo el gobierno debería participar como regulador –volvemos al tema del marco legal estatal pues no se puede dejar a la cultura privada únicamente en manos de las leyes del mercado- o con un rol de incentivador (así como se subsidia un producto de pesca o agricultura sensible, se puede premiar a aquella empresa que apoye al arte, es lo que hace un estado con visión innovadora, existen innumerables ejemplos en Latinoamérica).

Pero si miramos a futuro, la batalla más compleja es contra la ignorancia. Uno de los errores más graves de la empresa privada es que miran a la cultura como sinónimo de entretenimiento igual que los medios de comunicación, especialmente la televisión. Se vuelve un círculo: los medios acogen el evento, a la empresa privada no le interesa y como son ellos quienes pagan los espacios publicitarios, termina siendo descartado por la tv porque no rinde ingresos. Para evitar que el estado sea tan patriarcal lo que debe ser disputado a largo plazo es la educación integral que incluya al arte y al audiovisual.

La empresa privada también puede aprender de iniciativas y manifestaciones de la periferia que han encontrado nichos de rentabilidad en la cultura. Es decir que algunos productos culturales tampoco necesitan subsidios para competir sino que es posible un mercadeo “positivo” de la cultura. Experiencias como “Que tan lejos” demuestran que es posible innovar la gestión cultural a nivel privada, tomando las herramientas del mercado para “vender” la cultura. El miedo a lo desconocido sólo hace que el arte y la cultura sean vistos como elitistas y esnobistas.

Por último otra corriente que identificar son los llamados gestores culturales “independientes”. Ellos se crearon bajo el principio que el estado está muy deteriorado como para participar enteramente de la vida pública y de que sólo perseguir la rentabilidad es una finalidad éticamente criticable. Funcionan bajo la figura de corporaciones o fundaciones culturales, se diferencian de las empresas culturales y su subsidio es mixto (privado y público).

Pero a pesar de las buenas experiencias, los independientes también tienen sus problemas. La principal falencia de los gestores culturales de este país es que hemos trabajado casi siempre de una forma instintiva, apoyándonos más en el sentido común que en los métodos. Y en algunos casos por falta de una visión más amplia por parte de sus ejecutores y en varios casos por la mala administración de sus realizadores han visto el fin sin tener la oportunidad de establecerse en el tiempo.

Pese a todas las carencias y falencias del mundo cultural en el país, estamos en un momento muy importante con la creación de un Ministerio de Cultura pues ahora se presenta el desafío de finalmente crear políticas culturales claras y justas, y para mi área de mayor interés, el nacimiento del Consejo Nacional de Cinematografía cambia evidentemente y para bien el rumbo de los proyectos audiovisuales en el Ecuador.

Los conocimientos que adquiriré dentro de la Maestría sin duda se encaminarán a la presentación y desarrollo de proyectos que estarán vinculados a las dos instituciones mencionadas en el párrafo anterior, mi interés es servir y aportar al desarrollo cultural del país dedicando especial énfasis al desarrollo de la industria cinematográfica ecuatoriana.



1 comentarios:

Fernanda De Capua dijo...

Hola

Escrivo por parte de la Muestra de Cine y Derechos Humanos de Brasil.

Estoy desesperadamente buscando un contacto para Isabel Dávalos, directora de "Alfaro VIve, Carajo! Del Sueño al Caos" para que submita su pelicula para la seleccion.

Se puedes me ayudar a contactarla, te agradesco mucho.

Gracias

Fernanda De Capua
Producción
II Muestra Cine y Derechos Humanos en Sudamérica
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